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Profesor: Aurelio Mendoza Garduño
Historia de México II

UNAM



1 de abril de 2011

La música Prehispánica

LA HISTORIA DE LA MÚSICA EN MESOAMÉRICA
Arcaico (antes de 2500 a.C.). Los orígenes de la música en Mesoamérica se pierden en la oscuridad de la historia. Sin embargo, es probable que con los primeros pobladores del continente llegaran las flautas de hueso que en el Viejo Mundo ya eran conocidas durante el Paleolítico Superior (40000-10000 a.C.). En el grupo de instrumentos musicales prehistóricos manufacturados por los cazadores-recolectores alrededor de 10000 a.C. se encuentran los silbatos de hueso con una perforación, que producen sonidos de animales. La imitación de sonidos naturales constituía un remedio eficaz y era un medio mágico de comunicación. La imitación de sonidos de animales para la cacería mostró que se podía influir en el ambiente natural por medio del sonido. Probablemente, la evocación ritual de la lluvia por medio de sonajas se originó sobre la base de esta observación.
Con la fabricación de instrumentos que producían sonidos no existentes en la naturaleza, se fortaleció la idea de que los sonidos artificiales estaban asociados a ideas religiosas. Entre los primeros instrumentos de Mesoamérica a los que se daba este uso se encuentran los raspadores de hueso, los caparazones de tortuga y los sartales de concha. Es probable que estos instrumentos se utilizaran en actividades rituales, en las cuales los sonidos, el ritmo y el movimiento desempeñaban un papel importante para entrar en contacto con el mundo espiritual.
Preclásico (2500 a.C.-150 d.C.). Gran parte del instrumental musical prehispánico se conformó paralelamente a la construcción de los primeros centros ceremoniales. De manera simultánea al desarrollo de la cerámica, se fabricaron silbatos y flautas con pequeños orificios, lo que indica que ya se conocían instrumentos similares hechos con materiales vegetales en épocas anteriores. Entre los hallazgos funerarios de Tlatilco, estado de México, se encuentran trompetas de caracol, lo que indica que había amplias redes de comercio. Al tratarse de instrumentos para llamar, cuyo sonido vibrante se escuchaba a largas distancias, tenían una gran importancia en el culto. Las figurillas de Tlatilco representan músicos con sonajas, tambores y flautas, lo que muestra la complejidad de las actividades musicales durante el Preclásico Medio (1200-300 a.C.). Los vasos silbadores pertenecen al grupo de los fascinantes instrumentos de Tlatilco. Rellenadas con agua, estas vasijas sonaban sólo con el movimiento sin que hubiera necesidad de soplarles, por lo cual se les atribuía una función ritual. La fabricación de flautas en forma de aves, felinos, culebras y otros animales también sugiere un uso ritual, ya que frecuentemente éstos eran considerados como manifestaciones de seres divinos.
Las trompetas de caracol que fueron depositadas en las tumbas de tiro del Occidente durante el Preclásico Tardío (300 a.C.-150 d.C.) están decoradas con pinturas al fresco. En las culturas del Occidente también se fabricaron las primeras flautas dobles, que producen interferencias y efectos psicoacústicos. Las figurillas muestran que los chamanes empleaban tambores, sonajas y raspadores de hueso. Para lograr estados de trance asociados con la música se consumían sustancias psicoactivas que se encuentran en plantas sagradas.
Clásico (150-750/900 d.C.). Tanto el gran número de artefactos sonoros hallados como las representaciones en el arte muestran la importancia que tuvieron las actividades musicales y las propias de la danza. La producción de diversos instrumentos de viento de cerámica muestra que incluso los pequeños centros regionales se caracterizaban por tener su propia música. Varios hallazgos, entre ellos un entierro en Tres Zapotes, Veracruz, comprueban el empleo de flautas de pan. La fabricación de flautas alcanzó su apogeo con las flautas cuádruples de Teotihuacan, estado de México, y la costa del Golfo, y muestran el desarrollo de escalas musicales complejas.

En uno de los famosos murales de Bonampak, Chiapas, ciudad maya que floreció en el Clásico Tardío, hay una ceremonia en la que se ven músicos tocando largas trompetas rectas, caparazones de tortuga, sonajas de calabaza y un gran tambor. La ejecución de esos instrumentos estuvo estrechamente relacionada con rituales de fertilidad, sacrificios y el culto al inframundo y sus deidades. Cuarto 1, Templo de las Pinturas. Bonampak, Chiapas. Fotos: Rafael Doniz, Michael Calderwood / Raíces.


En los famosos murales de Bonampak, Chiapas, se ve una ceremonia maya con danza y música en la que aparecen músicos de la corte con trompetas rectas, caparazones de tortuga, sonajas de calabaza y un gran tambor. Las trompetas de caracol alcanzaron tal estatus sagrado, que se les dedicaron templos. Un ejemplo de esto es el Templo de los Caracoles Emplumados de Teotihuacan; los murales del Conjunto de los Jaguares muestran a felinos soplando trompetas de caracol emplumadas y emboquilladas, en la representación de una procesión de sacerdotes jaguar. Otros murales de Teotihuacan muestran que las trompetas emiten sonidos por sí mismas, acompañando la aparición de dioses.
Los instrumentos estaban estrechamente relacionados con rituales de fertilidad, con sacrificios y con el inframundo. Otros extraordinarios instrumentos también asociados con el inframundo son dos grandes raspadores de costillas de ballena localizados en Monte Albán, Oaxaca. Como los restos óseos de animales prehistóricos, las costillas probablemente eran consideradas restos de seres gigantescos de eras pasadas; se cree que de-sempeñaban un papel importante en el culto de los antepasados.
Posclásico (900-1521 d.C.). Por medio de nuevas tecnologías, como la metalurgia, se añadieron al instrumental cascabeles y placas de metal hechos de cobre que muy probablemente sirvieron como címbalos o gongs pequeños. Se ofrendaron cascabeles de oro al Cenote Sagrado de Chichen Itzá, Yucatán, y se depositaron algunos en los entierros mixtecos de Monte Albán. Esos hallazgos comprueban el alto nivel de la habilidad artesanal alcanzada en la metalurgia. Los sonidos metálicos fueron considerados como expresión del poder señorial por excelencia.
Entre los instrumentos importantes para los mexicas se encuentran los palos de sonajas, a los cuales se les atribuía una función mágica en los rituales de la lluvia y la montaña. Los tambores mexicas demuestran una habilidad altamente desarrollada en el tallado de madera. El famoso huéhuetl de Malinalco muestra relieves con el símbolo 4 movimiento (nahui ollin), relacionado con la quinta era, así como a Xochipilli, dios de la música; se ven también jaguares y águilas bailando, y el símbolo atl-tlachinolli, metáfora para la guerra. La representación en piedra de unteponaztli muestra a Macuilxóchitl, un dios estrechamente asociado con Xochipilli. Destaca una flor alrededor de su boca, la metáfora para la música y el sacrificio, y los ojos en las palmas de la mano. En los costados se representaron pieles de jaguar.
En las excavaciones del Recinto Sagrado de Tenochtitlan se localizó una gran cantidad de instrumentos musicales. El contexto de los hallazgos proporciona valiosa información acerca de la música ritual entre los mexicas, y refleja la asociación de sonidos con el inframundo acuático y la esfera de Tláloc. En los Templos Rojos se honraba a los dioses mexicas de la música y a los instrumentos musicales en forma de representaciones votivas. En los altares se reverenciaba a representaciones verdaderamente monumentales de trompetas de caracol.

Editado por: Ortíz Carrillo Oscar Eduardo

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